Pilato, el débil

Publicado en por Roberto Héctor Iglesias

Citas donde se encuentra la historia de este hombre:

Mateo 27:2-65 ; Marcos 15:1-44 ; Lucas 3:1 / 23:1-52 ; Juan 18:29-38 / 19:1-38 ; Hechos 3:13 / 4:27 / 13:28 ; 1 Timoteo 6:13.

 

           

Poncio Pilato firmó la orden de ejecución de Cristo. Su rostro triste se asoma en cada uno de los cuatro evangelios. Por violación al derecho romano, por callar cobardemente la voz de su conciencia, por su decisión pusilánime de crucificar al Hijo de Dios, Pilato ha sido condenado ante el tribunal de la historia y lleva estigma de ser un débil y un miedoso. La deshonra y el desprecio están ligados a su nombre para siempre por lo que él hizo con Jesús. ¿Qué hizo? Le negó la oportunidad de un juicio justo y esto es algo que millones siguen haciendo con Cristo: se forman una opinión acerca de Él sin escuchar toda la evidencia que hay sobre Su Persona.

 

            Pilato Clamó: “¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo?” Poco después su pregunta sería otra: le importaría saber qué haría Cristo con él. Pilato conocía bastantes datos acerca de Cristo: Sus movimientos, Su mensaje y Sus milagros eran del dominio público, y Pilato, como gobernador, no los ignoraba. Además Pilato “sabía que por envidia le habían entregado”.

 

            El conocimiento de Pilato no era todo de segunda mano. Tuvo la oportunidad de investigar personalmente. No buscó esta oportunidad, puesto que hizo todo lo que pudo para evadirla, pero las circunstancias le obligaron a entrevistarse personalmente con Cristo y a decidir qué haría con Él. El hecho que estés leyendo estas líneas te coloca en la misma posición. ¿Qué harás con Jesús, llamado el Cristo?.

 

Pilato se atemorizó

Ante los títulos de Cristo.

 

            Pilato nunca pudo ser el mismo después de su confrontación con Cristo. Llego a una encrucijada, a la cresta divisoria de su vida, a una crisis. Tuvo qué elegir. Pilato y Cristo estaban cara a cara y leemos que Pilato “tuvo más miedo” (Juan 19:8). Lo que decían de Cristo le atemorizaba; el carácter de Cristo le infundió miedo; temblaba por la crisis que Jesús de Nazaret había traído a su vida.

 

            Temía la invasión de Cristo en su vida personal. La historia nos dice que Pilato era un hombre rudo, sin tacto, obstinado. Le gustaba obtener lo que quería sin importarle los sentimientos de los demás. Cuando lo ponemos al lado de la, gentileza, cortesía y majestad del Hijo de Dios, Pilato no aguanta la comparación. Nosotros tampoco. ¿Quién puede compararse con Cristo?.

            Contempló a Cristo. Vio a un hombre que aparentaba más edad de la que en realidad tenía. Su rostro había sido desfigurado por la tortura que había recibido y era casi irreconocible. Había sido interrogado, golpeado brutalmente y escupido por la policía del templo. Pilato considero que era débil y que estaba totalmente en sus manos. “¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte?” dijo Pilato. Pero estaba equivocado. Jesús respondió: “Ninguna autoridad tendrías contra Mí si no te fuese dada de arriba”. Aunque las apariencias indicaran lo contrario, la autoridad estaba en manos de Cristo.

 

            Es un error bastante común. Tal vez lo estés cometiendo también, los escritores y artistas humanos nos presentan a un Cristo débil, pálido, anémico, irreal, que no parece encajar en la vida moderna, pero no nos engañemos: es el eterno Hijo de Dios, es Dios sobre todas las cosas y bendito para siempre. Él es el que tendrá la última palabra en la historia, no nosotros.

 

            Pilato no dilató mucho en su intento de intimidar a Cristo. Pronto se dio cuenta de que tenía sólo dos alternativas: o crucificaba a Cristo o le coronaba como su Rey y Señor. Esta es la decisión a que se tiene que enfrentar todo ser humano tarde o temprano. Te encuentras ante ella ¿Qué decidirías?.

 

            Pilato temía la invasión de Cristo a su vida privada. Era casado. Su esposa, Claudia Prócula, era de linaje de los césares. Era hija de Tiberio y nieta de César Augusto. Mientras Pilato deliberaba acerca de Cristo recibió un mensaje urgente de su mujer: “No tengas nada que ver con ese justo”. Ella temía, por haber soñado con Él, que Pilato decidiría equivocadamente. Fue así como Pilato descubrió que Cristo había invadido su vida privada.

 

            ¿Estás en la misma situación que Pilato? ¿Temes decidirte a seguir a Cristo porque sabes que invadirá tu vida personal, privada y pública? No cabe duda que así lo hará. El momento que te decidas a ser de Cristo, todo cambiará en tu vida. Pero de todos modos cambiará. Si le rechazas, nunca volverás a tener verdadera paz en tu alma.

 

Pilato se resistió ante los títulos de Cristo.

 

            Pilato aplazó la decisión todo el tiempo que le fue posible, pero tuvo que llegar a la hora cero irremisiblemente. Tal vez también quieras aplazar tu decisión pero es imposible. Cada ser humano tiene que hacer una elección acerca de Cristo que es terminante, irrevocable. ¿Qué decidirás?.

 

            Pilato primero trató de evadir su compromiso. Envió a Jesús con Herodes. Descubrió que Jesús era de Galilea y con un suspiro de alivio dijo: “Después de todo, este no es mi problema, que lo resuelva Herodes”. Pero no dio resultado. Claro, Herodes tuvo que encarar este asunto. Todo ser humano lo tiene que hacer. Pero Jesús regresó y Pilato se dio cuenta que él tenía que hacer una elección. ¿Tratas de evadir una decisión acerca de Cristo? ¡No se puede!.

 

            Otro intento de esquivar su compromiso llevó a decir a los judíos: “Tomadle vosotros, y juzgadle según vuestra ley”. Por ser un asunto religioso pensaba que no tenía necesidad de entremeterse en este tipo de disputa. Pero de nada le sirvió. Pronto se dio cuenta que el caso de Jesús de Nazaret era más que un asunto religioso. Fue el caso más importante de todos los que jamás juzgó Pilato, porque en Cristo se cristalizan todos los problemas morales, religiosos, sociales, políticos, legales y personales que tiene que encarar un hombre. Nuestra conducta, nuestras creencias y nuestra vida misma está en juego cuando tenemos un encuentro con Cristo.

 

            Luego Pilato trató de examinar su compromiso. Trató de usar argumentos con Cristo. Lo interrogó y volvió a interrogarlo pero no recibió respuesta. El silencio de Cristo hería su conciencia como un látigo. Pero no había nada que discutir. Pilato tenía perfecto conocimiento de los hechos. Ya no era tiempo de examinar sino de escoger: estaría a favor o en contra de Cristo. Esa el la elección. Pilato la tuvo que hacer y tu también.

 

            Pilato hizo un último intento de escapar de su compromiso. Lo hizo en dos maneras: primero pidió que trajeran a Barrabás, un famoso criminal y le dijo al pueblo: “¿A quién queréis que os suelte: a Jesús o a Barrabás?” Confiaba que la multitud vería las ventajas de elegir a Cristo y lo sacaría del aprieto. Pero la multitud escogió a Barrabás. Siempre lo hará. Y la decisión vuelve a caer sobre Pilato. Luego dijo: “Le castigaré, pues, y le soltaré”. Pensaba que los azotes dejarían satisfecha a la multitud y que, al soltarlo, dejaría satisfecho a Cristo. Pero esto tampoco dio resultado porque el pueblo permitió que Cristo fuera azotado y luego insistió a gritos en Su muerte. El mundo nunca hará fácil la tarea de elegir a Cristo; sólo quedará satisfecho con un rechazo absoluto de Cristo. Y Cristo sólo quedará satisfecho si es coronado Rey soberano en nuestra vida.

 

            Finalmente Pilato trató de eximirse del compromiso. Pidió una bandeja de agua y lavo sus manos diciendo: “Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros”. Después de este rito entregó al Hijo de Dios para ser crucificado. Pero, ¿qué rito puede lavar sangre de las manos de uno que ha rehusado a Cristo el derecho de reinar supremo en el corazón? ¿Qué ceremonia compensa el haber rechazado al Cristo de Dios?

 

Pilato se doblegó ante los títulos de Cristo.

 

            A fin de cuentas, Pilato tuvo que llegar a una decisión. No la pudo aplazar más; tuvo que elegir. Le dio las espaldas a Cristo; se alejó de Él, entregándole a la muerte de cruz.

 

            Fue una elección terrible. Siete años después, Pilato fue destituido de su cargo por el mismo César al que quiso agradar. Perdió sus títulos y sus derechos y fue exiliado en deshonor y soledad. “No eres amigo de César”, gritaba la multitud. Dijeron la verdad. Después de ese día Pilato ya no tuvo amigos. La historia amontona vergüenza sobre su nombre.

 

            ¿Qué harás con Cristo? ¿Le crucificarás o le coronarás? La decisión es tuya, totalmente tuya.  

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